Natalia Majluf

Published on lunes, 11 julio 2016

“Aquí (en el museo), todos son iguales; y esa es la base para la construcción de ciudadanía”

Durante la última “Semana Edelnor” el MALI registró 40 mil visitas.

Eso es un récord, porque no creo que otra institución cultural en el país haya logrado captar esa cantidad de visitantes en una semana; y eso que esa edición se realizó cuando esta segunda planta (donde ahora estamos) aún estaba cerrada.

Esta segunda planta cuenta con 34 nuevas salas que chicos y grandes podrán ahora conocer.

¡Exactamente!

Como directora, ¿cómo se siente con los resultados alcanzados?

Muy contenta de haber podido participar en este proyecto que –siempre lo digo- es un esfuerzo colectivo, porque aquí aporta la ciudad, el Gobierno, aportan los ciudadanos –voluntariamente, generosamente-, aporta el público que nos visita. ¡Esto es una suma de esfuerzos! Y eso es muy motivador, porque demuestra que juntos podemos construir cosas que permiten que todos podamos tener una vida mejor.

De niña, sus papás la llevaron a museos en distintas partes del mundo, hoy está haciendo posible que familias de escasos recursos puedan conocer nuestro arte. Usted está sembrando país.

Soy consciente de que tuve una infancia privilegiada, de que la mayor parte de mis compatriotas no tuvieron acceso a la misma educación; y estoy convencida de que los museos son lugares que nos abren las puertas a muchas cosas en la vida, no solo porque nos permiten aprender del arte, de la arqueología, de la cultura de nuestro país, sino porque además son lugares de reflexión.

No son el lugar frío que muchos creen.

¡Hace mucho que han dejado de serlo! Aunque en nuestro país nos tomó un poco más de tiempo llegar a renovarlos. En consecuencia, hay varias generaciones que aún no conocen los museos de Lima. Es decir, hay un potencial muy grande; porque tenemos que incorporar la visita a los museos a nuestra vida cotidiana.

Una de sus actuales exposiciones -sobre la Cultura Moche- tiene una gran acogida, pues permite al público realizar una serie de actividades.

Sí, las actividades que se generan en torno a las visitas son cada vez más importantes. Tenemos talleres para niños y para las familias, y los vamos a ofrecer gratis a quienes nos visiten durante la “Semana Edelnor”.

O sea que el MALI es un lugar para vacilarse.

¡Sí! Un lugar para mirar, para aprender, para pasarla bien. Los primeros viernes de cada mes estamos haciendo “La Noche del MALI”, en las que abrimos hasta tarde, tenemos conciertos… Eso hace que la visita al museo se convierta en parte del plan de los jóvenes.

¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

Todo (ríe)… Me gusta estar cerca de mi profesión, que es la Historia del Arte; me encanta trabajar en la producción de exposiciones, de libros, en la adquisición de obras para la colección…

Un cuadro, observar un cuadro, ¿le puede cambiar la vida a alguien?

Supongo que sí, igual que un libro o una película. Hay obras que nos tocan, que nos obligan a la reflexión, con las que -por alguna razón- encontramos un punto de identificación… Por eso, una vida cercana a la cultura es una vida más rica.

Así vivas en una casa muy grande o en una muy modesta.

Una vez que alguien entra al museo, tiene el mismo acceso que cualquiera. Aquí, todos son iguales; y esa es la base para la construcción de ciudadanía.

Por su gratuidad, entonces, la “Semana Edelnor” convierte al MALI en un espacio democrático por excelencia.

Es entonces cuando llegamos a nuestro punto más alto de accesibilidad. Si bien tenemos días gratuitos a lo largo del año -porque nuestra función es llegar a la mayor cantidad de gente posible- la “Semana Edelnor” es una herramienta fabulosa que nos permite conseguir lo que normalmente no podríamos.