Cynthia Rodríguez

Publicado el miércoles, 15 julio 2015

“El impacto no es solo en los jóvenes, además estamos sensibilizando a las empresas que tienen un corazón inclusivo. Le estamos cambiando el chip a las personas.”

Y como ella ha visto evolucionar a otros chicos más.
Por supuesto. El año pasado, a David —que tiene 29 años y trabaja en cocina— su mamá lo estaba buscando desesperada. ¿Qué había pasado? Que saliendo de trabajar todos se habían ido a comer pollo a la brasa para celebrar el   Día del Amigo, y al ‘señor’ se le había pasado avisar a su mamá, y ella estaba cardiaca. Es que ahora ellos salen entre amigos, se dan sus gustos, cosas que jamás habían hecho antes porque paraban en sus casas; lo cual no    está mal, pero es necesario que vivan su independencia como personas adultas. Ahora todos apoyan en sus casas, contribuyen a la economía de sus hogares.

Está clarísimo que han valido la pena estos años de esfuerzo y sacrificio.
Y no solo por el impacto en los jóvenes, sino porque a través de nuestra participación en talleres además estamos sensibilizando a la sociedad, estamos llegando a las empresas que tienen un corazón inclusivo. Le estamos cambiando el chip a las personas.

Por eso sigue adelante.
Sí. Y se nos han sumado más profesionales, como Carlos Sánchez Ramirez, que está    a cargo del marketing y la publicidad. Él nos ha hecho ver que no basta con ser una empresa social, que además tenemos que ser los que hagamos las mejores empanadas del país.

Porque nadie tiene que comprarles por pena o solo por apoyar, sino porque sus productos son buenazos.
¡Exacto! Y ahora nos estamos abriendo a nuevas oportunidades de negocio, como el catering, a través de alianzas con empresas que ven en Empanacombi una oportunidad para reafirmar sus políticas de responsabilidad social.

Por hacer esto usted alteró su estilo de vida. Dos años y medio después, ¿ya tiene un sueldo?
Digamos que sí (ríe)… No es estable ni un sueldo del mercado, pero las ventas están mejorando y este año está yendo bien; y eso, gracias a las estrategias que hemos adoptado, porque de lo contrario hubiésemos tenido que cerrar.

¿Qué es lo mejor de hacer esto?
Tendrías que venir a nuestros desayunos y notar la comunión que hay. Aquí conviven chicos con retardo, con discapacidad auditiva, síndrome de Down… y ver lo diferentes que ahora son respecto a cuando empezamos, ver cómo han crecido, cómo se van desarrollando, ¡eso es lo chévere!