Wendy Patiño

Cada año, MaCTec beca a 40 niñas para que realicen experimentos junto a científicos peruanos y extranjeros. Tras haber sido premiados por la Unesco, alistan un laboratorio móvil que recorrerá el país.

“Comenzó a investigar sobre las bacterias del Mar Muerto, para ver si podían sobrevivir en Marte. ¡Imagínate!”

¡La vida de esa niña ha sido transformada!

No solo su vida, la de toda su familia. Su mamá está pendiente de ella, su hermana menor también ya está investigando. En el colegio, Valeria se ha vuelto mucho más participativa e incluso su comunidad le ha otorgado el Premio Heroínas Toledo. Realmente ¡ella está resaltando! Ha sido invitada a una conferencia para que exponga su proyecto. Todos eran científicos y ella la única niña, imagínate lo orgullosos que están sus padres.

¿Y ha replicado lo aprendido en su colegio?

Todas las niñas lo hacen, y la mayoría de profesores se siente muy a gusto, porque aprenden más.

¿Quién es Javier Navarro?

Es un profesor peruano de la Universidad de Texas, y tuvo la idea de crear MaCTec alrededor del 2012 porque se sentía aburrido: sus alumnos solo querían aprender la teoría, no se cuestionaban nada. ¡Él quería que lo hagan pensar! Entonces, dijo: ¿Qué tal si trabajo con niños? Vino y empezó con niñas. Fue un trabajo progresivo. Al principio, tocando puertas para que acepten su metodología. Ahora, él es muy empático, te explica las cosas no como científico sino con lenguaje sencillo para que todos lo puedan entender; y lo hace súper interesante.

En un taller, las niñas trabajaron con cerebros de vaca, rata y pollo.

Ese taller fue muy interesante. Las niñas salieron felices, lo realizó una científica que estudia el cerebro y trajo varios de distintos animales. Vimos las diferencias según su tamaño, los tocaron. ¿Quién puede tocar un cerebro? (ríe)… Las niñas se relacionan con científicos de gran experiencia.

¿De qué viven?

De donaciones. Hemos ganado varios premios. ¿El principal? El que nos otorgó la Unesco, por la educación de niñas y mujeres en ciencia (2017), que nos está permitiendo poner en marcha un nuevo proyecto: el laboratorio móvil. Nuestro propósito es educar científicamente a más niñas. Pensamos llevar nuestra metodología a otras ciudades.

Será un laboratorio rodante.

Exacto. Eso, a la vez, nos va a permitir captar mayor información sobre la biodiversidad de nuestro país. Ahora estamos pidiendo más donativos para poder completarlo, porque el material científico es caro y necesitamos que los reactivos, por ejemplo, se conserven bien a la temperatura adecuada…

“Nuestro propósito es educar científicamente a más niñas. Pensamos llevar nuestra metodología a otras ciudades”

¿Qué es lo que más te gusta de ser parte de esto?

Definitivamente, las personas con las que laboro. Todas lo hacen porque les gusta trabajar con las niñas, y saben que lo que hacemos va a generar algo a favor del país. Están súper comprometidas… Cuando acudo a los talleres, termino agotada físicamente porque las niñas no paran de hacerse preguntas y tú empiezas a cuestionarte muchas cosas, aflora tu lado creativo.

¿Se ha fijado un plazo? ¿Hasta cuándo será parte de MaCTec?

No, pero sí pienso que esto se tiene que expandir a otras ciudades. ¡Hay mucho por hacer! No siento que yo vaya a terminar un día con MaCTec, sino que continuaré colaborando por el resto de mi vida.

Su objetivo es lanzar la primera generación de científicas peruanas.

Exactamente. Buscamos que las niñas que quieran seguir una carrera de ciencias lleven a cabo un proyecto de investigación y contactarlas con las universidades y científicos de nuestra red, para que puedan continuar con sus profesiones y sean, a la vez, las siguientes científicas que integren MaCTec.

O sea que esto recién empieza.

¡Sí! Han sido siete años súper intensos, pero pronto comenzarán a dar sus frutos porque hay varias niñas que ya han ingresado a la universidad y están siguiendo carreras de Ciencias.