Gino Pezzia

Llegó al Callao atraído por un proyecto. Amante del Muay Thai, los niños de un barrio bravo lo veían entrenar. Se le unieron, juntos intentan derrotar un futuro funesto.

Published on lunes, 9 abril 2018

“Ellos tienen muchas cosas que resolver dentro de sus cabezas, tienen ese apetito por pelear; y qué mejor que canalizar esa energía en lugar de que se estén matando en la calle”

El proyecto social también creció, y usted no es ya el instructor, sino nada menos que Renato Mansilla, siete veces campeón nacional y cuatro veces campeón sudamericano de Muay Thai.

Exactamente. Al inicio fue un proyecto piloto, aunque llegué a llevar a uno de los chicos al campeonato nacional; y a la vez que hacía eso, empezaba a gestionar y planificar cómo hacer para que este proyecto sea sostenible y escalable.

¿Por qué hacerlo? Estaba afianzando su agencia, su empresa; imagino que tiempo era lo que menos tenía.

No sé. Yo hago todo, tengo ese problema. ¡No es un problema! Tengo una adicción a lo nuevo. Siempre estoy haciendo cosas nuevas. Eso fue lo que me motivó, y obviamente también el que tiene un impacto positivo.

¿Por qué buscó al campeón Mansilla?

Porque es mi amigo, porque es un súper buen peleador.

Encontró al referente perfecto, pues respecto a usted a él lo verían como alguien más próximo a su realidad.

Es alguien que ha logrado construir una vida a través de este deporte, eso es suficiente. Renato es la persona perfecta. ¡Lo es!

“Ahora viene gente de otros barrios, es una cosa que nunca ha pasado: tener en un mismo lugar a niños de barrios que, en teoría, son rivales”

En febrero montó un ring en la plaza, organizó un festival y se fajaron los chicos y también profesionales.

“Pega el Barrio”. Yo creo que el proyecto tiene un antes y un después de “Pega el Barrio”, un festival que hicimos para que la comunidad entienda todo lo que se ha venido gestando. Ver a los niños en el ring, traer a peleadores internacionales, los conciertos, todo eso simboliza lo que se está haciendo en El Callao: deporte, arte, música, integración. Después de eso, el gimnasio se ha repletado de gente. Tenemos a un montón de marcas que están apostando por nosotros, hoy el proyecto es sostenible porque se está haciendo una gestión correcta.

En un inicio venían solo chicos, no chicas.

Ahora incluso viene gente de otros barrios. Es una cosa que nunca ha pasado: tener en un mismo lugar a niños de barrios que, en teoría, son rivales.

Barrios cuyas disputas podían provocar muertes.

Se está gestando un cambio. Los niños entrenan juntos, es increíble. ¡No nos habíamos dado cuenta! “¿De dónde eres?”. “De Atahualpa”. “Ah”. Los chicos que vienen de ese barrio son súper buenos; y de la nada nos percatamos de que estaban entrenando junto a los niños de Castilla. ¡Y se llevan increíble! Eso es un cambio. Un cambio… y motiva.

La propuesta va más allá: planean brindar reforzamiento escolar, clases de inglés con profesores del colegio Roosevelt, suplementos alimenticios…

Se va a seleccionar un equipo que nos pueda representar. Ese equipo va a tener beneficios, y en teoría estos deberían comenzar a darse en abril. Ya tenemos todos los auspicios, todos los tratos están cerrados. Vamos a empezar con diez niños que van a recibir una comida diaria que compense su desbalance alimenticio, y nuestra alianza con el Roosevelt no es para que vengan profesores, son sus alumnos los que van dar las clases; lo que también es increíble. Cuando consolidemos ese grupo y luego crezca a 15 niños, a 22, el programa va a ser mucho más rico.

Tienen una regla: el que viene no debe faltar al colegio.

Esa es la condición.

Ha habido deserciones.

Sí, y seguramente van a seguir habiendo. Es un barrio difícil. Además, trabajamos con chicos de entre diez y 16 años, un rango de edad en el que pasa de todo. Es una etapa en la que defines qué vas a ser en tu vida.

Y algunos optan por la pandilla.

Varios, y varios que han estado en pandillas han regresado y nosotros les abrimos las puertas. Otros han tenido que irse para trabajar. Por eso avanzamos un poco lento, porque no es que te enfoques en alguien que está trabajando contigo todo el tiempo, sino que estás seis meses con un chico -que tiene un futuro increíble-, lo vas a hacer pelear y al día siguiente ya no está.

Emocionalmente, eso debe golpear.

De hecho, nos hace cuestionarnos un montón: “¿Hasta dónde vamos a llegar?”. Pero igual tenemos que darle, ¿no?

“¿Te imaginas si todo el mundo, desde su chamba, trabajara para cambiarle la vida a alguien?”

Ocurrió con uno de sus dos primeros pupilos.

Ítalo dejó de entrenar casi un año, pero se subió al ring en “Pega el Barrio”; y ha empezado a entrenar de nuevo. Justin, también. A ambos los entrené solo. A Justin lo llevé al campeonato nacional para que compita, al mes le dije que le iba a sacar dos peleas más y desapareció. Me llamaba, me decía que iba a venir. No lo volví a ver más. Pero después de “Pega el Barrio” no ha vuelto a faltar a una sola clase. Algo ha pasado. Ayer peleó en La Punta. ¡Está fuertazo! Ahora, ¿poner las manos al fuego por los chicos? Pongo el corazón… Siempre les vamos a abrir las puertas, pero no los puedo retener. Es duro.

Su agencia le debe demandar harta atención, además es músico y está desarrollando su carrera, tiempo es lo que menos debe tener. ¿Por qué hace esto?

Porque sí hay tiempo (ríe)… La monotonía te puede destruir. Imagínate si solo fuese publicista, me habría vuelto loco. Necesito cosas que me hagan cambiar el chip de la noche a la mañana, y para mí, los jueves son para Muay Thai Monumental; y la mayoría de mis sábados vengo a dar clases, para estar con los chicos, para que me vean.

¿Qué le da esto a usted?

Me hace sentir bien, y eso es suficiente. Uno construye su vida haciendo buenas cosas.

El agradecimiento de los padres debe ser algo especial.

¿Sabes por qué? Porque mucha gente no entiende por qué alguien quiere ayudar. ¿Sin pedirles nada a cambio? “Algo quiere”. Es la idiosincrasia de nuestro país. Les es raro que venga alguien de otro lado, con una vida ya encaminada, para darles algo que a mí no me va a dar nada a cambio.

Es consciente de que está cambiando vidas.

Sí. ¿Te imaginas si todo el mundo, desde su chamba, trabajara para cambiarle la vida a alguien? Como publicista, vendes leche, seguros, líneas telefónicas, y no generas ningún cambio en la sociedad; eso está súper bien visto. Pero si tienes a alguien que dedica todo su tiempo para generar un cambio social -¡ah!-, ahí dicen: “Ese se quiere aprovechar de los demás”. ¡Qué duro!

O sea que ‘simplemente’ está haciendo lo que todo ciudadano tendría que hacer.

Yo creo que sí. Si todo el mundo enfocara sus energías en hacer lo que sabe, en sus pasiones -un ingeniero, arquitecto, lo que sea- y todo eso tuviese un enfoque positivo para generar un cambio, todo sería distinto.