Alexis Luján

Published on lunes, 8 enero 2018

“Se amanecían consumiendo bebidas alcohólicas, drogas. Los vecinos estaban hartos. Brindábamos apoyo, pero este no podía ser permanente. Ahí nació la idea de que compren elementos de seguridad”

¿Por qué decidió ser policía?

Mi padre tenía mucha vocación de servicio. Recuerdo que él, siendo profesor de Educación Física, entró a hacer un curso de salvavidas. Él fue salvavidas voluntario, yo lo veía; y cuando egresé de la Policía, el primer curso que hice fue el de salvataje. Yo he sido encaminado por el ejemplo de mi padre.

Sin embargo, la Policía no tiene buena imagen. Se la vincula con la corrupción.

Yo siempre he creído en la Policía. Ingresé el año 84’, en pleno terrorismo, con mucha voluntad de servicio pese a todas las vicisitudes.

¿Debo entender que la terquedad le viene de casa? Sus padres eran maestros, otro oficio también venido a menos.

Exactamente, ¡lo mío es vocación! Siempre quise ser policía. Por mi deseo de servir, de serle útil a la sociedad.

Una década atrás, en la comisaría de Salamanca, tuvo a su cargo una cuna infantil que estaba por colapsar.

Sí, teníamos capacidad para seis bebés y -era increíble- teníamos a algo de dieciséis. ¡Ya no dábamos más! Nos faltaba leche. Pero obtuvimos la atención de la prensa porque siempre atrae el que un bebé esté perdido y se le brinde ayuda. Recurrimos a eso y obtuvimos ayuda, y no solo para los lactantes, sino para todos los menores.

Había bebés que fueron abandonados en basurales.

¡Bebés lactantes! Los dejaban a su suerte en basurales, mercados, en la vía pública.

Y así, una vez más su labor rompió con la imagen de frialdad del policía.

Todo nuestro esfuerzo estaba en sacar adelante esa labor. Sino ¡de dónde íbamos a sacar la leche! El Inabif apoyaba, pero su aporte era limitado. Entonces aprovechamos el interés de la prensa, solicitamos ayuda y mucha gente lo comenzó a hacer.

Resultados como ese le permiten contrarrestar el desprestigio de su institución.

Cumplir sencillamente con mi trabajo.

Y no está solo, a lo largo de su carrera ha encontrado aliados.

Exactamente. En la Policía ¡hay muy buen personal! Como mi personal de Participación Ciudadana, al que le gusta ese trabajo y me acompaña en esta labor.

“Yo he sido encaminado por el ejemplo de mi padre”

Zárate pertenece a uno de los distritos donde ocurren más delitos. ¿Cómo encontró al personal idóneo para desarrollar su labor?

Dio la casualidad que me hice cargo justo cuando se había iniciado un plan piloto en el distrito para repotenciar comisarías, y llegaron cincuenta efectivos más y cuatro patrulleros adicionales. Personal nuevo, al que uno puede llegar, imbuirle lo que es el trato al público, la vocación de servicio, establecer una relación de confianza con el ciudadano.

Hizo docencia, lo mismo que como maestros de escuelas hacían sus padres en sus aulas.

¡Exacto! Iniciamos un periodo de inducción con ese personal y dio resultado, con el uso de las tarjetitas, el contacto ciudadano. Aunque todo podría haber quedado en nada si no hubiese habido capacidad de respuesta; y nosotros no les fallamos. Tras esta experiencia exitosa, las demás juntas vecinales también quieren hacer lo mismo. O sea, el trabajo está encaminado.

Todo, en gran parte, por haber cumplido con su palabra.

Sí. Primero, establecer la relación de confianza, demostrarles que estamos cumpliendo y encaminarlos a que adquieran sus elementos de seguridad. Por ejemplo, en Campoy, vimos qué podían hacer para obtener recursos propios; y como hay bastantes personas que trabajan en restaurantes, que tienen puestos en los mercados, les planteamos hacer “Misturitas”. Cada domingo la comisaría les puso el toldo en su parque, ellos llevaban las viandas, generaron recursos y ahora han puesto sus rejas y cámaras.

Pero se podría decir que esa labor no corresponde a una comisaría.

Sí, pero lo cierto es que en las zonas donde hemos intervenido de esa manera la delincuencia ha bajado a casi cero. Se han convertido en espacios recuperados, que ahora nos permiten preocuparnos por otros sectores.

Han apuntalado a los vecinos para que defienda su zona.

Ahora están posicionados: entre ellos se ayudan, tienen silbatos, alarmas; elementos que en realidad son disuasivos, porque la verdadera respuesta es de la Policía. Les decimos que no se expongan, porque en esta zona hay raqueteros. Deben medir la situación, y si no es controlable, nos llaman y nosotros inmediatamente vamos.

“Todo habría quedado en nada si no había capacidad de respuesta; y nosotros no les fallamos”

Estos resultados los llevaron a participar en “Mi Comisaría, Mi Orgullo”.

Claro, porque el concurso estaba orientado a destacar estrategias, trabajos novedosos ¡Eso fue lo que me animó! El jurado vino, visitó las juntas vecinales y quedamos entre los nueve finalistas. Para mi sorpresa éramos los únicos de Lima, y obtuvimos el segundo puesto.

¿Cuál ha sido la respuesta de su comunidad?

Ah, están bastante contentos. Justo una semana después le obsequiamos una alarma más a la junta vecinal del parque Micaela Bastidas y, a propósito del premio, aprovechamos para hacer una ceremonia con una red de cooperantes; es como denominamos a los grupos de vigilantes, que en ese caso se trató de mototaxistas formales que solicitan nuestro apoyo para sacar a los piratas. Nosotros, a la vez, les hemos pedido que nos ayuden a identificar los puntos donde hay arrebatos, venta de drogas… Les hemos puesto una calcomanía, tienen nuestra tarjetita, nos llaman. Nos apoyamos.

Así hay más aliados.

Sí. Y en esa ceremonia reconocimos también la labor de la junta vecinal.

Cuando le anunció a sus padres que quería ser policía ya había comenzado el terrorismo. ¿Cuál fue su reacción?

Un año antes de que entrase a la Policía, mi padre falleció, así que nunca se enteró; y cuando se lo dije a mi madre, ella estuvo de acuerdo. Aunque creyó que no me iba a gustar la formación castrense, pero a mí me gustó ¡desde el primer día! Yo me siento orgulloso de ser policía.