Roxy Apuela

Published on lunes, 13 marzo 2017

“Cada uno toma su decisión y nadie tiene que decirle qué hacer”

¿Qué sientes cuando ganas?

(Silencio)… Se siente como… ¿Cómo te digo? No lo puedo explicar.

Pero te gusta.

¡Sí!

¿Cuántas medallas tienes?

Treinta y ocho.

¿Y cuántas son por haber ganado en torneos en los que solo había chicos?

Serán unas veinte.

Hay quienes creen que estos deportes no son para mujeres.

No es verdad. Cada uno toma su decisión y nadie tiene que decirle qué hacer.

En el colegio, ¿eres bronquera?

No. En mi colegio nadie se mete conmigo.

Nunca faltan los que abusan de los más débiles, ¿qué haces cuando ves que eso pasa?

Sin que se den cuenta se lo digo al director.

¡Ah! Prefieres no pelear.

No.

¿Por qué?

Porque yo no soy de pelear.

Cómo entenderlo, si a través del deporte ¡agarras a golpes a tus rivales!

(Ríe)… Es que yo no me agarro con los demás a pelear. Nunca lo he hecho.

¿Qué es lo que más te gusta de esto?

Cómo me ‘mascotea’ mi papá.

¿Mascotea?

Sí, cuando se pone las guanteletas para que yo golpee. Así entrenamos, es como si estuviésemos peleando.

¿Qué es lo mejor de entrenar con él?

Que me enseña, que me corrige para ser mejor cada día.

Te tiene tatuada en su hombro…

Sí, eso significa mucho para mí.

¿Qué quieres ser de grande?

Arquitecta.

Tu apodo como luchadora es “Little Machine” (Maquinita), ¿te gusta más que te llamen así o por tu nombre?

Cualquiera de los dos.

En tu dieta no hay espacio para las golosinas. ¿Es muy sacrificada esta disciplina?

No tanto.

En una contienda contra otra niña, ella terminó llorando…

Sí. Yo solo la golpeé despacio e hice los puntos para ganar.

Sé que conversaron al final, ¿qué le dijiste?

Que esté tranquila, que son cosas que pasan; que algún día ella me va a ganar y a mí me va a tocar perder.

¿Cuántas peleas has perdido?

Dos, no más (y fue por descalificación, por haber golpeado muy fuerte al rival).

Carlos Apuela, papá y entrenador de Roxy

¿Cómo nació esta afición en Roxy?

Ocurrió porque era lo que yo hacía. Ella nació y creció en este ambiente, en mi local, y tú sabes que los niños absorben todo…

¿A qué edad incursionó en el kickboxing?

En realidad –como toda la vida ha estado acá-, empezó a mostrar interés por hacer la técnica a los dos años y medio. Yo le ponía el brazo y ella subía su piernita para hacerme una palanca. La gente se reía, ¡era bien curiosa!

¿Cómo así la inscribió en un torneo a los 4 años, siendo este no solo para varones, sino para chicos de 5 años?

Tenía confianza, sentía que iba a salir bien. Le pregunté si quería y me dijo: “Ya, papá”. Ni siquiera había llevado implementos, estaba con un short normal, pero participó y ganó. Cuando la pelea es entre niño y niña, piden la autorización del padre.

Hay quienes creen que el kickboxing no es para mujeres.

Es gente que no sabe. Por eso creo que debe haber más información en los colegios.

¿Qué le ha dado esta práctica a su hija?

Disciplina, orden y concentración en lo que hace. Siendo ella una niña bien madura para su edad, además le ha dado la capacidad para captarlo todo. Lo mismo en el colegio, yo no tengo que decirle nada, ella sabe hacer todo sola.

Pese a lo que se podría creer, Roxy no es bronquera.

Al contrario. Es una niña tranquila, en el colegio no se pelea con nadie. Más bien le tienen bastante cariño.

Usted es su entrenador y su papá. Olvídese que es su padre, le pregunto al entrenador: ¿Hasta dónde cree que Roxy va a llegar?

Ella tiene las condiciones para llegar muy lejos, para ser una gran deportista y una gran entrenadora. Ya me lo ha demostrado: cuando la pongo a cargo de una clase (para niños), sabe conducirla: los entrena, los prepara físicamente, hace trabajo de circuito, técnica… Se pone seria, es bien recta; y ya después, cuando termina la clase, se ponen a jugar.

Como padre, ¿cómo se siente?

¡Orgulloso, pues! Y contento, porque sé que va a seguir una vida ordenada y que va a saber elegir a sus amistades… Roxy está preparada para la vida.