Mario Navarro

Published on lunes, 11 abril 2016

“Comenzamos a conversar, así me di cuenta de que no estaba loco”

Meses después lo encontró en la calle, una enfermera lo estaba atendiendo.

Así es. Lo del polo fue en marzo y en mayo sufrió un derrame cerebral; y eso fue ya otra historia: hubo que evacuarlo al Hospital Loayza, estuvo internado dos meses.

Usted lo acompañó.

En ese momento no, porque no tenía plata. La enfermera necesitaba que alguien asuma la responsabilidad, y si bien había un montón de gente rodeándolos en la calle, nadie aceptaba. Yo quería, y como no tenía plata llamé a una amiga. Llegó y se lo llevaron, a los tres días fui al Loayza pero como no tenía nombre, no había cómo identificarlo.

Charlie, en realidad, era un periodista de Nueva York.

De eso me enteré mucho después. Como no había manera de dar con él, le enseñé su foto a un vigilante y lo reconoció. Quedamos en que lo buscaría, y dos días después me llamó: “Encontré a tu pata: pabellón 2, cama 19”. Lo visité casi interdiario, comenzamos a conversar; ahí me di cuenta de que no estaba loco.

¿Es cierto que al llegar a Lima fue brutalmente asaltado y desde entonces deambuló por el Centro?

Es lo que él me contó: lo asaltaron, se quedó sin billete ni documentos; era periodista y había iniciado un viaje por Sudamérica… Sufrió una lesión en el cerebro.

Gestionó por él ante la embajada de su país.

Me pedía que llame y yo llamaba y llamaba, y de tanta insistencia tomaron el caso.

No tenía por qué hacerlo.

No… Es quizás un tema de gratitud, porque gracias a su cuadro comenzó a entrar más gente a mi local. Además, él estaba solo. ¡Alguien lo tenía que hacer! Caballero, ¿no?

Sus papás son maestros jubilados, una profesión basada en el servicio. ¿Podemos encontrar ahí una relación con su actitud?

Hay un tema de ejemplo, de formación desde el hogar y también una formación cristiana. Uno tiene que poner su fe en acción. Si tu fe en algo superior se queda en palabras, no tiene sentido.

Desde entonces busca a personas que deberían ser atendidas, personas a las que nadie da atención.

Hay un tema de prejuicio, creemos que como están sucios no valen.

No le sobraba tiempo ni dinero para apoyar a Charlie.

No, pero él dependía de mí en ese momento; y yo no tengo hijos ni esposa, vivo solo, ¡sé lo que es la soledad! No podía dejarlo… Y si bien ayudarlo me costó algo de dinero, sabía que ese esfuerzo tenía un buen fin. No me estresé ni renegué. Iba, llamaba a quien él me pedía; fue una chamba adicional que asumí con gusto.

Aparecieron otros Charlies en su camino.

Sí, me fui involucrando con ese tipo de personajes, se convirtieron en mi fuente de inspiración. Quería retratarlos -en un cuadro, en un polo- porque cada persona tiene una historia. ¡También ellos! Historias quizás más grandes, profundas, que a veces son abismos… Detrás de ellos hay dramas, y quiero rescatarlos, conseguir -de algún modo- que se los mire con igualdad.

Un retrato es una manera de decirles que no solo existen, sino que son valiosos.

Es difícil explicarlo, pero ese objeto de arte genera en ellos un montón de cosas: es recuperar la autoestima, volver a ser vistos como seres humanos, ¡ellos me lo han dicho!

Más allá del éxito económico como artista, usted se siente útil a través de lo que hace.

Sentirte contento con lo que haces, ¡ahí está el éxito! La plata no llena ningún vacío interior.