Lola Apolinario

Published on lunes, 12 diciembre 2016

“Nací en un asentamiento humano y pude tener una carrera, a diferencia de mi mamá”

Siendo creativos, esforzándose tanto, ¿qué tan frustrante era crear objetos bellos que solo pocos compraban?

Lo que ocurría, era que nos faltaba entender el proceso de producción. O sea, teníamos cosas lindas, que gustaban, lo que nos faltaba era saber cómo masificar, cómo obtener más unidades a partir de un solo diseño. Eso lo hemos ido entendiendo poco a poco.

Entendieron que no basta con tener talento.

Así es. También hace falta capacitarse, entender al público, el proceso.

¿En qué momento deciden incorporar a las mamás de esta parte de El Agustino?

Hubo una primera etapa en la que tuvimos que desarrollar la propuesta, los prototipos de nuestros productos, luego de unos meses -ni bien conseguimos nuestro primer pedido- pasamos a capacitar a las señoras. Ahora ya están preparadas. Tenemos un pedido, se las convoca, y ya saben pintar, cortar, hacer retoques.

Antes ellas carecían de ingresos propios.

No pudieron hacer una carrera, tenían dos, tres niños, y se dedicaban a ellos mientras sus esposos trabajaban.

¿Cómo han cambiado sus vidas?

Algunas tienen ya un taller en sus casas, se dedican a desarrollar una línea de producto, apoyan a su economía; hubo una, cuyo esposo perdió el trabajo y ella se hizo cargo de la manutención de su familia; y una señora -que tenía problemas con su esposo-, como ya tenía un ingreso propio, sintió que podía decidir e incluso confrontarlo, porque ya era capaz de criar a sus dos hijos. La parte económica es muy importante para su mejoría.

Eso debe generar en ustedes una satisfacción especial.

Sí. Por eso le digo a Máximo: “Por nada cambio lo que ahora estoy haciendo”. Esto me permite ver cómo las personas van cambiando sus vidas; eso ninguna otra carrera te lo da. Siento una satisfacción ¡bárbara! Me llena el alma.

Y el que el común de sus clientes sean empresas transnacionales les demuestra, además, que no equivocaron el rumbo elegido.

Claro, porque ser artista plástico marca una diferencia respecto a las otras empresas con las que competimos: nosotros podemos ser más flexibles en nuestra propuesta.

Muchos aún creen que su oficio está vinculado al nulo éxito económico.

Si bien hay colegas que por alguna razón han dejado de ejercer o están orientados a otra actividad, yo creo que la parte creativa siempre la puedes volcar en algún área. Tienes que ver una oportunidad y, a partir de ahí, comenzar a proponer cosas, ¡crear! Para eso somos artistas.

Ustedes tienen un punto a favor: además de artistas tienen el gen comercial, pues los padres de ambos fueron ambulantes.

Hay mucha afinidad entre los dos: nuestros padres no pudieron acceder a una carrera, emigraron –los papás de Máximo de Ayacucho, los míos de Huancavelica y Huancayo-, él es el último de ocho hermanos, yo la tercera de seis. A ambos nos ha costado y creo que eso nos ha unido, nos ha hecho sentir que tenemos que darnos la mano, apoyarnos para surgir y poder darle esa misma oportunidad a otras personas.

Encontrar al socio ideal es clave y, a la vez, muy difícil. Sin embargo, ustedes son un equipo.

Sí. Siempre escucho de problemas entre quienes hacen sociedad, pero entre nosotros, si bien ha habido situaciones complejas, siempre hemos sido lo suficientemente maduros para reconocer nuestras faltas. Cuando eso pasa, nos pedimos perdón y continuamos.

Varias de sus colaboradoras llegan con sus niños. O sea que, a la vez, están sembrando en ellos…

Emprendimiento. ¡Motivación! Vienen con sus niños, no los pueden dejar porque algunos son bebitos. Siempre hay algo que los más grandecitos pueden hacer. Además, gracias a la escuela-taller que realizamos, los niños de aquí ya están familiarizados con la creación, con trabajar con sus manitos, han desarrollado habilidades grafico-plásticas que son muy importantes para ellos.

Encima, trabajan con material reciclado. ¡Mejor no podría ser!

Sí. Nos interesa mucho promover la educación ambiental, y en especial en los niños: que sepan qué es reciclar, que aprendan a separar los cartones, tapitas… Vienen y me dicen: “Señorita, encontré esta botella”. “Ya, déjala acá”. Así, desde pequeños van aprendiendo a cuidar su medio ambiente.

¿Por qué es eso importante?

Porque tenemos un solo planeta y tenemos que cuidarlo. Con solo recoger una tapita, ya estás ayudando a que no se contamine más.