Leonid Lecca

Published on lunes, 10 octubre 2016

“Lo tenían amarrado, su columna estaba destruida, llevaba cuatro días sin beber agua”

En el mundo, de cada cien casos de TBC sanaba la mitad, con ustedes subieron a 85.

En ese entonces, de cien solo curaban a 20. Nosotros, de los primeros 11 casos que vimos, curamos a los 11. Así conseguimos más fondos (en EE.UU.) para atención y, el 99, la Fundación Bill & Belinda Gates nos dio US$40 millones.

Gracias a lo ocurrido en el Perú.

Claro. Despegó el tratamiento y se empezó a curar a muchos más (en el mundo); y el Estado reconoció nuestra labor. Aquí está la mayor tasa de pacientes curados que se ha reportado en el mundo.

Había otro problema: nadie daba empleo a los curados de TBC; y por eso les brindaron capacitación.

Sí. Nuestro modelo tiene 3 pilares: clínico, de soporte psicoemocional –para que no se depriman, porque el tratamiento es largo y muy fuerte- y el soporte socioeconómico. La mayoría de nuestros pacientes vivía en extrema pobreza, no podían tomar los medicamentos durante un año si tenían que trabajar, si estaban mal nutridos, si no tenían fuerzas, entonces añadimos el soporte socioeconómico, que incluye componentes nutricional, de vivienda –para que no contagien a sus familias-, económico…

O sea que no solo los curan, también los preparan para seguir adelante.

Tenemos el programa Generación de Ingresos: becas para carreras técnicas o manualidades para el paciente o su familia.

Así, la vida de un desahuciado da un vuelco total.

Hace unos meses, a raíz de otro proyecto llegamos a una casa para ver a un niñito, pero notamos que al fondo pasaba algo, un ruido. A la cuarta visita encontramos a la dueña de casa llorando. Resulta que al fondo tenía encerrado a su hijo, sobre cartones, gritando de dolor. Tenía 40 años, TBC, estaba desahuciado. En el puesto de salud no lo habían querido atender, así que estaban esperando su muerte… Lo tenían amarrado, su columna estaba destruida, llevaba cuatro días sin beber agua. ¡Esos son los casos que encontramos!

Ya no lo pudieron salvar.

¡Está en tratamiento! Cuando me contaron del caso, fui a verlo. Ya puede sentarse, come, incluso bromea. Es otro.

Si bien reciben financiamiento foráneo, les urge aporte local.

Se necesitan muchos más recursos. En el Cono Norte hay gente con capacidad adquisitiva que debería pensar que nuestra labor también le retorna, porque ¡cuántos trabajadores -que no viven en las mejores condiciones- están en riesgo de enfermar!

Siendo su labor tan ardua, ¿cómo entender que cada año haya tanto gringo que se apunta como voluntario?

Creo que es por la forma cómo trabajamos, y por nuestros resultados.