Alexandra Grande

Published on lunes, 5 septiembre 2016

“Siempre habrá momentos malos, ¡es ahí cuando tienes que sobresalir!”

La escucho y pienso en un hecho que pasó en su casa: sus papás tenían un negocio que iba bien, pero lo perdieron, y si bien la pasaron mal, supieron salir adelante. Usted tenía 7 años cuando eso pasó. ¿Quizás eso la preparó para afrontar momentos como el que vivió en México?

¡Claro! Mis papás no crecieron en hogares con economías muy buenas, a ellos les costó salir adelante. Mi mamá no podía tener para el pasaje, pero se iba caminando a entrenar. Mi papá, también. ¡Ellos siempre lucharon! Día a día. Y eso fue lo que nos transmitieron a mí y a mi hermana, porque siempre va a haber momentos en los que nos va a ir mal, ¡y es ahí cuando uno tiene que sobresalir! Tener el apoyo de mis papás a mí me da tranquilidad. Pierda o gane, siempre me han dicho lo orgullosos que están de mí. Siempre va a haber gente envidiosa, y cuando he escuchado que hablan mal, me entra por una oreja y me sale por la otra. ¿Por qué? Porque lo que me importa es lo que opina la gente que me quiere, que quiere que yo mejore.

¡Qué importante es la figura de los padres para fortalecer no solo al deportista, sino a la persona!

Sí. No hay mejores amigos que mis papás… Sin embargo, desde los 8 años, nunca se han metido en mis entrenamientos.

Y ahora, en su dojo (academia), usted entrena a niños desde los 3 años.

Sí. Es impresionante cómo van mejorando…

Hoy es día de semana, son las 10am y en la esquina un grupo de adultos se está alcoholizando. Es vital que los chicos tengan una alternativa a esa realidad, ¿no?

De hecho. Yo me despierto todos los días a las 5am para irme a entrenar y esas personas están ahí. Para los niños ya es normal verlos, por eso es clave que sepan qué es bueno y qué es malo, y que el deporte te da una mejor calidad de vida, ¡y más si son artes marciales! Te da disciplina, te ayuda a madurar, a ver la vida de otra forma.

Un campeón puede nacer en cualquier barrio.

Es verdad… De los barrios salen buenos karatecas. ¡Son bien vivos! Lo único que hay que hacer, es formarlos.

¿Qué es lo mejor que le ha dado San Martín de Porres?

Mis alumnos -la mayoría son de San Martín-, sus lindas mamás. Sentir que me quieren. Por eso procuro, y no solo con los más pequeños, que confíen en mí no solo como entrenadora, sino como amiga. Desde los 8 años yo he crecido con mi entrenador, Roberto Reyna, que es psicólogo deportivo; él es para mí como un segundo padre, y mi papá lo sabe. Ese vínculo te hace sentir mejor como deportista y como persona.

Usted ha dicho: “He sido once veces campeona nacional, y eso no me llena”.

Es que desde pequeña mi entrenador me dijo: “Yo no te preparo para que seas la mejor del Perú o de Sudamérica, yo te preparo para lo más grande”. Por eso, cuando participo en un sudamericano, en un panamericano, yo no pienso en ganar la medalla de oro, sino en divertirme y mostrar lo mejor de mí.

En octubre, en Austria, será el Mundial de Karate.

Sí, ya empecé a entrenar.

¿Cuál es su expectativa?

Ser una de las mejores del mundo. Eso es lo que tengo en mente… Lo demás, llega solo.